No es fácil perder a alguien, y mucho menos por primera vez. No es fácil ver llegar a los familiares más lejanos y ver como dan palmaditas de ánimo para luego reunirse con las personas que hacia mucho que no veían y mantener conversaciones sobre la vida y el éxito. Pero quizás ese día sea el mejor para el que de verdad siente el duelo. Porque todos comprenden que hoy necesitas llorar a tu ser querido, todos son capaces de lamentarse y darte algún que otro consejo. Pero cuando el tiempo pasa y aún sigues llorando, te dirán que ya es hora de olvidarle No entiendo esa crueldad. Porque llorarle es una forma de llevarlos cerca, de sentir la esencia y si bien podremos ser felices en su ausencia, esta claro que son realidades diferentes. Su ausencia nos deja un vacío dentro, un pequeño espacio que únicamente le pertenecía a esa persona. Podremos llenarnos de riquezas y podremos hartarnos a amar a las personas, pero ese espacio tendrá siempre un nombre y un apellido. Podremos volver a coger la rutina esperando así volver a sentir ese vacío completo, pero ese vacío jamás se completará. Habrán situaciones y personas que siempre empujan hacia arriba que te hacen recobrar la fuerza. Pero es fuerza para entender que se ha ido, que ya no está y que por supuesto, no va a volver. Comprender que ahora es otra realidad y tener la fuerza para aceptarla tal cual es. Es imposible creer que podremos pintar una realidad diferente y que todo vuelva a ser como antes, ya no está y eso lo cambia todo.
Yo quiero seguir recordándolo y que de vez en cuando suelte una lágrima, que nadie se interponga en ese sentimiento. Quiero sentir que dentro de mí hay un pequeño vacío que le pertenece y sentir que ahí adentro sigue vivo. Aunque ya jamás esté, aunque no vuelva, quiero tenerlo cerca mía. Nunca he dejado de sonreír pero eso no significa que no lo eche de menos en cualquier instante y que, por lo tanto, a veces derrame una lágrima por él. Porque es importante para mi vida recordarle, llevarle conmigo en el corazón y llorarle cuando me apetezca. Es una pequeña manera de recordarle, esté donde esté, que aún sigue vivo en mi memoria y en mi corazón, y que ahí nunca va a morir. No quiero olvidarle Aceptar que ya no está es algo inevitable, pero no quiero sentir que soy tonta cuando lo recuerdo y aún me duele. Me va a doler toda la vida que se haya ido. Solo hay que tener coraje para saber que se ha ido y que aunque duela no verle en este mundo, él vive dentro. Que más da el tiempo que pase, él se ha ido para siempre y siempre será importante para mi."Porque el desconsuelo también forma parte de la vida, y porque añorar a tus muertos es una manera de llevarlos contigo"

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